La música más bella se hace en Escocia, es un hecho. Una canción de The Pastels o un álbum de Cocteau Twins son sitios a los que me iría vivir, por no hablar de la eterna primavera de Teenage Fanclub, a la que siempre vuelvo, o de Stuart Murdoch, guardián de mi adolescencia.

Es el cielo gris. La noche temprana. El frío afilado, amenazante como una guillotina. La puta lluvia. La oscuridad es la turbina que pone en marcha el hilo musical del Norte de Gran Bretaña, y es también el alimento del grupo que escucho cuando llueve, el que suena cuando quiero fundirme en la niebla.

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La música más bella se hace en Escocia, aunque no siempre se presenta en el envoltorio más sugerente. A veces, lo hermoso se refugia en el ruido, en la estridencia. En una intro de batería prestada de las Ronettes, escondida en una falsa nostalgia. El primer guitarrazo cae como un accidente, hundiéndose. Un desplome nebuloso, turbio y opaco. Entonces, una voz melosa empieza a susurrarte al oído lo difícil que es estar a su altura. Que es inferior, pero jura esfuerzo. Hay un enorme autodesprecio y una promesa de devoción incondicional, de sumisión absoluta. Una abeja obrera trabajando para su Reina. Su tono es dulce; dulce como la miel.

Está hablando de sexo oral.

Ya no oyes el ruido.

Siéntelo. Es hermoso.

It’s good. So good. It’s so good.

Soooo good.

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Es imposible criarse en la costa y no sentirse un poco Beach Boy, sobre todo si se coge de referencia la primera época, antes de que las drogas elevaran su música hasta el cielo; antes de que la salud mental de Brian se cortara las alas -rubias como el sol- e interrumpiera el vuelo. No, si has crecido cerca de la playa, los Beach Boys que te hablan a ti son los que cantaban sobre coches, chicassurf; porque ¿qué hay más importante que los coches, las chicas y el surf?

“El amor”, contestaría Brian Wilson, el beach boy de más talento. Da igual de qué tipo, de qué forma se presente: amor fraternal, por uno mismo, amor incierto; querer platónicamente; amor por las hamburguesas, las citas y el fun fun fun; el olor de la piel bronceada, el tacto de la arena ardiendo; derramar la Coca-Cola sobre su blusa y que no pase nada; la textura del cabello encrespado por la sal y los días que no se acaban; amor por las canciones; querer que no se acabe el verano.

“Pero no puedo hablar siempre del verano, las chicas y los coches. ¡Tengo otras cosas en la cabeza!”, se asustó Brian en algún momento de 1966. Entonces apareció su primo Mike Love, love, de amor, el segundo beach boy con más carisma: “pero el romance solo dura dos meses, Brian. Solo hasta septiembre”. Pero no tenían razón: sería eterno en sus canciones.

“Si cada palabra que dijera te hiciese reír, hablaría para siempre”,  cantaba Dennis Wilson en Forever, cuando Brian ya no estaba y la intensidad del oleaje llevaba demasiado en remisión. Y aún así, esa frase escondía más verano que el mes de julio entero. Todavía no he encontrado nada más importante.

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Los Beach Boys durante una sesión para Summer Days (1965) (vía: examiner)

 

Abril de 1965, recién llegado a Sheffield para presentar el álbum Bring It All Back Home, Bob Dylan sostiene un periódico local que afirma haber encontrado en Donovan su contrapartida británica. “¿Quién es este tal Donovan?”, se pregunta con la soberbia del que se sabe Dios, provocando la risotada de su séquito.

Por aquel entonces, Donovan era un jovencísimo cantante folk que protestaba en términos similares a los de Dylan; se vestía como él y, para más inri, contaban los entendidos que tocaba mejor. Donovan, claro, estaba encantado. Al poeta de Duluth, todo esto, como puede verse en el documental Don’t Look Back (1967), no le hacía ni puñetera gracia, aunque su arrogancia le salvó de mostrar sus celos ante los periodistas británicos. Él era Bob Dylan y sus singles llegaban mucho más alto en los charts.

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Imagen tomada durante la grabación de Don’t Look Back (1967) (vía: revista24cuadros)

La verdad es que Donovan profesaba una admiración devota por el americano; tanta que persiguió a Joan Baez hasta que accedió a preparar un encuentro entre los cantautores. El acercamiento acabó en fiesta y con todos los presentes un poco borrachos. Tras unos instantes de tensión, Donovan se lanzó a suavizar los ánimos tocando  la preciosa To sing to you, que interpretó de manera virtuosa y delicada. Por un breve instante, Donovan se sintió ganador, simplemente feliz por el hecho de demostrar a su ídolo que podía jugar al mismo deporte que él.

Entonces Donovan cometió un error que todavía no se explica: cedió la guitarra a su nuevo amigo y le invitó a acariciar unos acordes. Dylan, competidor voraz y cabronazo decidido, no lo dudó; eligió It’s All Over Now, Baby Blue, que empieza así: “Deberías irte ya, coge lo que necesites, crees que esto va a durar; sea lo que sea que quieras conservar, mejor que te lo lleves ya“.  A medida que avanzaba la canción, Dylan se volvía más Dylan y su sombra creció hasta ocupar toda la habitación. Para cuando acabó, a Donovan se le había puesto cara de poema de Lord Byron. La humillación era total; ya nadie volvería a insinuar que podría ser el Dylan de la Gran Bretaña. El de Minnesota le acababa de dar un nombre: a partir de ese momento, Donovan sería Donovan y Dylan, Dylan.

Durante el resto de la gira, Dylan continuó marcando territorio frente a su rival con actitud de abusón de colegio. En el concierto que cerraba el tour, abarrotando la sala que solo los Beatles podían llenar, cantó,  de aquella manera en la que solo él puede cantar, una versión libre de The Times They’re A-Changing: “he mirado en el armario y adivinad quién estaba ahí; ¡así es, es Donovan!“. Las risas de la platea ahogaron lo que seguía de canción.

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Bob Dylan y Donovan en Newport, julio de 1965 (via: rirocks)

Sea como fuera, durante los años posteriores la relación entre ambos compositores fue buena. Dos meses después de aquel show, Dylan se puso eléctrico y demostró tocar tan bien como Donovan; este, en cambio, conoció el mantra y viró hacia la psicodelia. De hecho, fue Dylan el que presentó los Beatles a Donovan, y este el que descubrió los caminos del Gurú para los de Liverpool. Lo que pasó después es historia del rock and roll.

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