Mis finales

Lo bonito del fútbol es vivirlo de pequeño y crecer con la Champions. La séptima de Mijatovic no es el primer partido que vi pero sí el primero que sitúo. Recuerdo con cariño los saltos que pegamos mi padre y yo con la remontada del Manchester United en Barcelona; pocas veces hemos vuelto a vivir el fútbol así. Al día siguiente en el colegio nadie quería ser ni Rivaldo ni Raúl ni Son Goku, todos nos pedíamos a Ole Gunnar Solskjaer. Luego vino París y el patio se dividía entre los que eran del Madrid y los demás, que iban con el Valencia. También estaba Kily, que era de los del murciélago por su abuelo y le gustaba que le llamáramos así. Cuando la última liga de Benítez pidió que nos refiriésemos a él como Cañete, y bueno, pase, pero cuando vino diciendo que a partir de ese momento sería Beckham lo mandamos a tomar por culo. Tocó el Bayern y en Mallorca todos éramos de Cúper, así que nos dolió que quitase a Aimar y sentimos los fallos de Zahovic como si fueran los de Carlitos. Un año después aparcamos por unos días los partiditos, los reina victoria y los rápidos para jugar a emular la de Zidane. En una semana nadie consiguió que fuera a la escuadra. Luego vino el cabreo con mi padre por no despertarme para la tanda de penaltis del Milan-Juventus. Me dormí en la prórroga y yo era de Buffon, pero el que se lució fue Dida. Al día siguiente casi llego tarde al cole porque no podía irme sin ver el resumen del telediario. Ese año fui de alternativo y lo que me moló fue la UEFA, que tuvo a Larsson, Deco y Mourinho. Cómo lo flipaba con Mourinho. Yo, que me compraba la Don Balón y la Futbolista, era el que más sabía de Mourinho. Pero claro, luego eliminaron al Euro Dépor y arrasaron al Mónaco del “Moro” y no me alegré tanto. Llegué justo de entreno para la final y enseguida vi que Crespo, Sheva y compañía eran demasiado para el Liverpool. Y me fastidiaba, porque yo era muy de Luis García. Aproveché el descanso para ducharme y vi el resto del partido con la toalla en la cabeza. Cómo nos reímos en clase de los que se fueron a dormir antes de tiempo. En tercero de ESO nos llevaron a Madrid de viaje de estudios. Al Prado, a la Warner y a ver en el hotel el Barça-Arsenal. Jugaban Samu, Tití, Deco, Larsson, Dinho… todos los que molaban y un cahavalín llamado Andrés. Fue un partidazo y podías picar a los del Madrid pero ya no era lo mismo. Me había hecho mayor.

Hoy, 19 de mayo de 2012, se cumplen 13 años de la Recopa y no podía escribir sobre finales europeas sin acordarme de la mía. De la nuestra. La de los Roa; Olaizola, Marcelino, Siviero, Nanu; Engonga, Lauren, Stanko, el Caño; Dani y Biagini contra los Vieri, Nesta, Salas y el puto Nedved. El día del partido todos fuimos al colegio con la camiseta que regaló el Última Hora y yo estrenaba unas multitacos amarillas y heredadas. Me pasé el recreo sacando faltas a lo Stankovic. Sé que mi padre grabó el partido pero todavía no he podido volver a verlo. Fue la primera vez que lloré por el fútbol y no quiero estropear el recuerdo.

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