Cinéfagos: [Mitos y musas] Blake Lively, my fair lady

Blake LivelySu belleza genuinamente americana, portentosa y agreste al mismo tiempo, la convierte en candidata ideal a papeles de drogadicta con taras emocionales o para hacer de chica rebelde que no recibió de papá el cariño demandado. Blake Lively parecía destinada a copar calendarios de la FHM antes que marquesinas sosteniendo bolsos de Chanel, pero su Serena Van der Woodsen convenció al mundo de que las jóvenes de extrarradio también podían ser chic y sofisticadas. La actriz detrás de la niña bien del Upper East Side esconde el paradigma de la My Fair Lady moderna, como una Penélope Cruz sin regusto a embutido García-Baquero. Demasiado refinada para ser una choni y suficientemente vulgar como para que el pijerío la repudie, la chispeante Lively se queda a un medio camino que los hombres siquiera sueñan con recorrer. De presencia imponente, responde al estereotipo que dice que a las guapas no se les acercan porque intimidan. Sin importar el qué dirán, se atreve con compañeros de trabajo y no duda en lanzarse a por hombres -Leonardo DiCaprio y Ryan Reynolds, caballeros que sin duda las prefieren rubias- que peinaban bigotillo cuando ella aún jugaba con barbies tan rubias como su cabellera. De tono amable, sonrisa alegre y dulzura a raudales, se define modosita y de gustos sencillos mientras la gente espera que sea el animal salvaje que su físico deja entrever. Melosidad y sensualidad se funden en un apetitoso cóctel que parece gustar a todo el mundo pero sin ser el favorito de nadie, como el roncola que aprueban casi todos pero sin levantar las pasiones que suscitan el whisky o el gintonic. Cómoda bajo los focos, radiante en las portadas y con soltura en las entrevistas, a veces es fácil ser una estrella de puertas afuera pero dentro es otra cosa. A poco que se haya seguido su carrera, cualquiera imaginará lo mucho que hay de ella en los personajes que interpreta. Incluso se le presupone algo de la valentía y ambición de la Carol Ferris de Green Lantern, segunda mejor piloto de aviones de combate de Estados Unidos y responsable de una poderosa multinacional armamentística, el rol que toda niña nacida en Tarzana, L.A., California, sueña con interpretar algún día. Blake Lively no es una Kardashian pero tampoco se trata de la nueva Audrey Hepburn; lejos de ser una mojigata rehuye del sambenito de bomba sexual. Si acaso icono fashion pero de vida ordenada. Blake Lively es sólo una incipiente estrella buscando su lugar. Y está como un queso.

Hoy se estrena en España Salvajes, la nueva película de Oliver Stone donde Blake Lively hace de damisela en apuros secuestrada por la mafia. Lively es el objeto de deseo de dos compañeros narcotrafincantes (tan amigos que la comparten) que harán lo que esté en sus manos para recuperarla sana y salva.

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