Últimamente cuando me preguntan que por qué no escribo más contesto que no tengo tiempo y que se esperen, que me ha salido un trabajo para el verano y los ratos libres que surjan los dedicaré a estudiar al paquete de turno que pretenda fichar el Mallorca. El curro es de camarero en un hotel y creo que está hecho a mi medida, ya que al fin y al cabo llevo desde los diecisiete procurando que las guiris se emborrachen. La única pega es que me piden el título de socorrista, lo que a estas alturas suena a broma pesada cuando mi equipo lleva naufragando desde septiembre. Para obtener la acreditación de socorrista hay que apuntarse a unas clases que me cuestan tanto como ponerme a escribir, con la diferencia de que lo primero me ilusiona menos que Arizmendi calentando y lo segundo me apetece siempre menos los domingos. El problema es que sólo escribo de lo que vivo y en estos momentos sólo existo para leer tebeos y picar en la cocina, que es lo único que calma la ansiedad cuando tu equipo es más malo que el tabaco y promete joderte hasta el final. Eso es lo que peor llevo, que la puta agonía se alargará hasta la última jornada de liga. Si fuera por mí el equipo habría descendido en marzo y a día de hoy estaría recuperando el aspecto de persona normal, mínimo hasta que empezara la siguiente temporada en Segunda. A lo mejor durante este saludable intervalo me daría hasta por volver a picar letras, a saber. Seguro que hay más mallorquinistas que piensan así pero no hay manera de confirmarlo porque los aficionados bermellones ya no vamos a los bares por vergüenza. Al menos el rubor de publicar un artículo hace tiempo que me lo quité. O eso creo, que cuando nos pasamos el otoño entero sin ganar me olvidé hasta de cómo ir en bici y esto se le parece.

Solía estar inspirado

Solía estar inspirado

A mi yo escritor le pasa un poco como al Mallorca, que por más que quiere no puede y al final me cabreo porque parece que ni lo intenta. Me enfado con los futbolistas pero no conmigo, ojo, porque me conozco y sé que soy de naturaleza distraída como Fontàs, que vino a por minutos y acabó de Erasmus. En el fondo sé que tanto mi bloqueo como el del equipo se deben de a una cuestión de aptitud y no de actitud, lo cual tiene gracia porque hace nada nos creíamos todos muy buenos. Ojo, no es que falte amor propio porque aquí uno se tiene en la más alta de las estimas, que por encima de mí ahora sólo están Gio y los huevos de Bigas, si me apuran. Yo me quiero pero no tanto como al Mallorca, pues no hay amor sin sufrimiento y a nadie padezco tanto como a estos cabrones que visten de rojo. A fin de cuentas, a la mínima que vengan mal dadas seguro que me abandono pero a mi equipo ahora mismo no lo dejo ni para ir al baño, que si me cago siempre puedo hacerlo en el portero. Aquellos a los que les va la vida en su equipo son los que menos respetan su existencia, por eso son mejores personas y duran más que nadie, aunque sea a costa de una mala salud de hierro. A esta conclusión llegué hace dos semanas en la puerta de un bar a las 5 de la mañana, donde conocí a un inglés sexagenario con la camiseta del Mallorca y barba a lo Gandalf que me rechazó dos entradas para el día del Celta. El hombre no entendía ni papa de español pero presumía de 16 años de socio y me aseguró que nos salvábamos. Esta rica experiencia vital exigía una reacción por mi parte y aquí está en forma de paja mental. No se me ocurre mejor manera para superar este bloqueo que escribir lo primero que se me pase por la cabeza. Sigo refiriéndome al Mallorca, claro. Que salgan el sábado a la Romareda y hagan lo que sea pero que sea algo, que con un poco de suerte aparece la inspiración y salimos del descenso. Yo no confío mucho pero como suene la flauta seré el primero en subirme al carro, dejando un sitio libre al entrañable abuelito inglés para morrearle los labios. Aunque bueno, tampoco nos vengamos arriba que si éstos salen de abajo será con el sello puesto por si hay que volver a entrar, como haríamos todos.

Ogunjimi te necesitamos

Ogunjimi te necesitamos

Ayer un amigo me proponía ir a Zaragoza a ver el partido -salía por unos 50 euros- pero le tuve que decir que no porque el sábado empiezo el curso de socorrismo.

“¿Socorrista para qué?”, me suelta.

Pues por si hay que salvar a éstos, para qué va a ser.

 

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  1. Kriok

    “Yo me quiero pero no tanto como al Mallorca” me ha parecido espectacular. Sólo me ha faltado alguna referencia femenina

  2. Y las entradas que te rechazó el inglés hicieron que pasase la hora y media más aburrida y frustrante de mi vida. Y eso que tuve una ex-novia a la que le gustaba el sexo tántrico.

  3. Des de la distancia de ser de un equipo como el Barça a veces te entiendo, estuvimos años naufragando y haciendo un juego mas soporifero que las peliculas del sabado de antena 3 pero incluso esos dias tenía esperanza que algun dia todo cambiaria. ;-)




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