Guía para superar una ruptura (o para hundirse en la mierda)

Me gusta pensar que a mis 22 he vivido mucho y al límite. Que he ligado tanto y he tenido tantas novias que quizás por eso no sé nada sobre la vida, porque me he pasado la mía rompiendo y no he tenido tiempo de aprender otras cosas realmente importantes como ir en patines, por ejemplo. Como buen experto, he desarrollado una rutina infalible que desempeño cada vez que finiquito una relación. Escucho el mismo disco, veo la misma película, releo los mismos fragmentos de determinado libro y cometo las mismas estupideces. Las cometo gustándome. Unas veces procedo al ritual de forma ordenada y otras todo de golpe hasta que me estalla la cabeza, pero esto sólo si la relación ha sido especialmente intensa. Costumbres que me han acompañado a lo largo de los años y que han ido imperfeccionándose al mismo tiempo que yo, que al fin y al cabo es lo que viene siendo madurar. Puede que a partir de ahora convierta en hábito lo de escribir pero tranquilos, que este texto no nace con la idea de pasar por pornografía sentimental ni nada por el estilo porque, eh, estoy bien.

Moloko StatuesLo primero y fundamental es enmerdarse escuchando música, que es algo que las almas torturadas hacemos por gusto y sin necesidad de cortar una relación, simplemente por el placer de revolcarnos en nuestra boñiga emocional. Pero cuando se trata de romper recurro siempre al mismo disco, uno que ni siquiera habré escuchado entero diez veces y que sin embargo es uno de mis álbumes de cabecera. Es de un grupo de música electrónica llamado Moloko, que duró lo que duraron Mark Brydon y Roísín Murphy como pareja y un disco más que grabaron tras dejarlo. Esa última obra fue el ‘Statues’ y es un LP triste, intenso, excesivo y melodramático, con unas letras llenas reproches y justificaciones venenosas cuya ponzoña, impulsada por unos arreglos gloriosos, empapa al oyente deprimido hasta intoxicarlo por resentimiento. A lo largo del disco, Mark y Roísín repasan las fases más obvias de un ruptura mientras la tensión vivida en el estudio de grabación se palpa hasta coquetear con la vergüenza ajena. El colofón llega con ‘Over and over’, la última canción del álbum y el punto final a la relación. La canción se alarga hasta los 10 minutos y viene a ser esa última conversación crítica en la que las dos partes saben que será la última como pareja. Es como luchar por mantener despierto a un moribundo, que en cuanto cierre los ojos habrá que asumir que se ha acabado para siempre. Pelean y pelean por alargar la agonía el máximo de segundos posible hasta que uno de los dos se ve superado por el dolor y decide rendirse. Escuchar ‘Statues’ tras una ruptura es la mejor manera de autoflagelarse sin piedad y yo me lo pongo porque quiero sufrir. Ponerse las canciones que tenías en común con tu pareja es masoquismo del malo, pero recurrir al ‘Statues’ es masoquismo del bueno, del que cura, del que purga, el tipo de sadismo deseable. Pero que os cuente esto no quiere decir nada porque, eh, estoy bien.

Just one sweet word
And then a smile from you
Is almost worth everything
I’ve given all I had to give
But you gave up giving in

alta fidelidadEl protagonista de ‘Alta Fidelidad’ es un pobre imbécil que se lamenta porque le ha dejado la novia y porque todo le sale mal. Es decir, es un libro que va SOBRE MÍ, y resultaría ofensivo que alguno opinara lo contrario. La historia va de un pavo al que le abandona su chica y para demostrar que no le importa lo más mínimo le dedica un libro, para que quede claro. Así empieza un loquísimo repaso de las relaciones y rupturas que más le marcaron, en uno de los “eh, estoy bien” más brillantes que me he echado a la cara. Y resulta que además es un libro de ruptura cojonudo; y como yo dejo las relaciones como quien “deja” la bebida -ya sabéis, lo juro, no volveré a beber- pues lo tengo siempre a mano en el baño, por si acaso, porque cagando es como mejor se lee y más cuando se hace pensando en una ex novia. Así, cada poco tiempo -es que corto muchísimo, en serio- releo algunos fragmentos al azar para cerciorarme de que no soy el único inmerso en una espiral de patetismo y decisiones erróneas, y que eso es precisamente lo que me hace irresistiblemente encantador. El libro me viene bien porque, mientras me empeño en echar balones fuera y repartir culpas, necesito que me dejen bien claro que yo también soy un memo y un cretino, y este libro lo hace. La considero una obra necesaria y creo firmemente que el bagaje emocional de un hombre debería medirse por la cantidad de manchas de Cheetos que tenga su edición de ‘Alta Fidelidad’, que es como un Brigdet Jones para machos fornidos y peludos como yo. El lector perspicaz y puñetero pensará que este texto pretende ser una especie de ‘Alta Fidelidad’ apresurado y cutre pero ya os adelanto que no, de ninguna manera, que no lo necesito para nada porque, eh, estoy bien.

garden-state-dvdOtro paso clave para ir llevándolo como mejor se pueda es ver, sí o sí y lo antes posible, ‘Algo en común’. O ‘Garden State’, que suena mejor. La verdad es que es una peliculita intrascendente que se esfuerza demasiado en molar, con unos referentes excesivamente obvios, llena de clichés, despedidas en aeropuertos, una manic pixie dream girl y, coño, que ni siquiera va de dejarlo con la novia. Es una película que va muy de guay pero que a mí me gusta y su visionado tiene en mí efectos casi terapéuticos. Verla me reconforta, me alegra y hace que me crezca el pelo. Me la sé de memoria y sé que soy un brasas con la película de marras, no necesito que venga nadie a decirme que no es para tanto porque yo lo sé, es una puta mierda, pero la he hecho mía y la quiero y sé que ella me corresponde. Como esa rutina que no produce ninguna satisfacción realizarla pero el día que te la saltas el vacío es enorme, pues yo si no veo la peli cuando estoy de bajón no me recupero. Dependo de esta película tanto como he llegado a depender de alguna de mis parejas, con la diferencia de que cuando he prestado el DVD he luchado por recuperarlo más que por cualquier novia que haya tenido. Ha estado presente en todas mis rupturas y desengaños desde que la descubriera allá por 2006, cuando mi primera novia decidió alquilarla para luego tirarnos la película magreándonos y pasando olímpicamente de la tele. Al dejarlo, la compré sólo porque me recordaba a ella y al acabar de verla empecé a olvidarla. Si os digo que me pasé casi todas las madrugadas de ese verano escuchando Radiohead y viendo la película pensaréis que cómo lo he hecho para tener más novias y con razón. Ni idea, la verdad, pero guardo un recuerdo inmejorable de ese verano de mierda que tanto se parece a este de ahora. Pero tranquilos porque, eh, estoy bien.

El último paso de mi ritual postruptura es el más obvio y el más estúpido posible, aquel que todos esperan de mí: emborracharse hasta límites poco prudentes y salir a pescar Gyarados con la Pokecaña. Mezclar la adrenalina de la incertidumbre y la insensatez del despecho con litros y litros de alcohol y acabar hecho siempre una mierda. Por ejemplo, imaginad el escombro de persona que soy que ayer me gasté 17 euros en comida china a las cinco de la mañana. Pero no os preocupéis porque, eh, estoy bien.

Ahora. Porque anoche no lo estaba.

 Un saludo a mis ex novias, que sé que me leen. Me caéis bien todas.


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  1. espe

    no se si tu consejo me ayudaran o no, pero por lo menos me he reido un rato jajjaaja




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