Explorando Calvin & Hobbes

En mi casa no sorprendió que me decidiera a estudiar periodismo porque empecé a ojear el periódico casi al mismo tiempo que aprendí a leer. No es que fuera superprecoz ni que desarrollara de forma temprana un especial interés por Kosovo y la OTAN, qué va. A mí me gustaban los dibujitos y raro era el día que desayunaba sin mi historieta de Garfield delante. Ya no desayuno leyendo el periódico pero hay hábitos que jamás cambian y las tiras diarias siguen siendo innegociables.

calvin nieve

PE-RIO-DIS-MO.

O no, porque la tira cómica en prensa no tiene porqué ser entendida como una sátira de la actualidad, también puede ser un vehículo para explorar lo que de verdad importa en la vida: sea esto la muerte, el verano o los dinosaurios. Por eso mi favorita es Calvin & Hobbes, porque salen un montón de dinosaurios. “Dibujar es reflexionar sobre la naturaleza de las cosas”, le leo a Bill Watterson en ‘El último libro de Calvin y Hobbes’ (Ediciones B). Este tío sabe de lo que habla porque por algo es el genio detrás de esta impecable obra, una de las más redondas del siglo XX en cualquier ámbito y disciplina. Tiene mérito pues fueron más de 3000 aventuras publicadas diariamente de manera casi ininterrumpida a lo largo de 10 años (1985-1995) en más de 2500 periódicos everywhere. Siempre manteniendo el nivel, cuidao. Watterson solía disculparse por su talento y aseguraba que sus historias funcionaban porque los personajes eran buenos. ¿Cómo no iban a serlo con lo mucho que los amaba? El hombre se tiró años luchando para que no franquiciaran a Calvin y Hobbes. Nada de merchandising, películas y ni siquiera pósters; si tienes algún muñequito o pegatina de Calvin dedicando una peineta, lo siento, es material apócrifo. Unos personajes con tanta alma requerían de mucho afecto para no pervertirse y nadie los iba a cuidar tan bien como su padre. La integridad de Watterson le impidió hacerse (aún más) rico pero propició que su legado valiera una fortuna para el lector. Si es que ¡en todas partes hay tesoros!

calvin tesoros

La idea de un vivaracho niño de 6 años perpetrando mil trastadas junto a un tigre de peluche que cobra vida sólo ante sus ojos se vende por sí sola, pero si por algo ha triunfado esta pareja es porque el lector se los cree y empatiza con ellos. A diferencia de Mafalda o el Carlitos de Peanuts, Calvin se expresa como un niño de verdad, aunque eso no le exime de ser un muchacho extremadamente inteligente con una particular visión del mundo.  Cuando preguntaron a Watterson por la forma de hablar del chico, explicó que las palabras rimbombantes son divertidas y que a partir de ahí se limitaba -y nosotros con él- a disfrutar de “la habilidad de Calvin para articular coherentemente las ideas más estúpidas”. Una de las cosas que más me gustan es que tanto el chico como el tigre se las arreglan siempre para llegar de la manera más brillante a las conclusiones más equivocadas y ahí queda la cosa, sin ir a mayores. Ahí reside otra de las claves de porqué Calvin & Hobbes mola tanto: es porque resulta genuinamente sencillo y divertido. El sentido lúdico del tebeo es extraordinario. Calvin y Hobbes se divierten rompiendo cosas, peleándose entre ellos y proclamándose dictadores vitalicio de A.S.C.O. (Asociación Sin Chicas Obtusas). Todo regado por el optimismo vital de Watterson y su voluntad de explorar diferentes géneros y retorcer las posibilidades del medio, lo que permite a Calvin & Hobbes erigirse en una oda a la imaginación y a la libertad y que al leerlo consiga que me sienta en paz conmigo mismo.

calvin cielo

Pero no todo en Calvin es alegría, alborozo y piruleta. De hecho, en los últimos años la viñeta viró indisimuladamente a la sátira. Watterson sabe ser muy cabrón cuando quiere y utiliza sus viñetas para mostrarse ferozmente crítico con la cultura, el arte y todas las incoherencias del mundo adulto; las ofrendas de Calvin al televisor o su fantástico alter ego Estupendo Man dan buena muestra de ello. Pero la versión amarga que me interesa de Calvin & Hobbes es aquella que profundiza en los sinsabores de la infancia, que los hay y muchos. Al fin y al cabo, Calvin es un chico solitario cuyo único apoyo es un tigre de felpa que sólo existe en su imaginación. No le falta razón a Calvin cuando se lamenta de que hay días que ni sus calzoncillos de cohetes pueden arreglar.

calvin imaginacion

Se pueden escribir mil cosas sobre Calvin y Hobbes pero ninguna con la fuerza que reside en un solo panel de esta entrañable pareja. El abanico de ideas, temas y emociones presentes en esta obra es infinito y pocas actividades hay más gratificantes que la de acompañar a estos dos en sus viajes intergalácticos, elaborar muñecos de nieve y sacarle todo el partido a una caja de cartón hasta ser incapaz de diferenciar entre fantasía y realidad. Calvin & Hobbes es una de las obras definitivas sobre la camadería y la amistad y además cuenta con uno de los mejores desenlaces que recuerdo. Un final mejor que el de Breaking Bad, que el final de liga y que el fin de curso.

Un final que es un principio.

Calvin-Hobbes final

Bienvenidos a  Drunk Pop Nation.

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