Víctor Casadesús

Victor CasadesusSe va Víctor, el más mallorquín de los futbolistas mallorquines. El viento de tramuntana y el aislamiento al que somete el Mediterráneo van de la mano a la hora de forjar el carácter del isleño, cuyo temperamento va minándose de forma paulatina como el golpeo de las olas erosionan la roca caliza balear. El mallorquín se va agriando con el tiempo aunque encontrará paz siempre que no le toquen los cojones, por eso Víctor nunca ha acabado de funcionar en Camí dels Reis. El algaidí siempre ha necesitado que le dejen a su aire, que es a lo que aspiramos todos aquí, sobre todo cuando llega el verano  y la vida se impregna de ese ritmo lento y pastoso, que es un poco como se mueve Víctor en el campo. Tradicionalmente, el futbolista autóctono siempre ha sido trabajador, duro y seco como la garriga de la Serra, pero nunca ha acabado por satisfacer al barralet por no ser lo suficientemente habilidoso. A veces, però, entre garrovers i ullastres se dan pequeños brotes de bello romaní, que parece que está ahí de casualidad y que va por libre.  Es el caso de un Víctor que siempre ha tenido algo de espiritual en su pachorra, como si fuera a ser más feliz a lo Ramon LLull, de retiro en el Santuari de la Mare de Déu de Cura, que jugando a fútbol para los de aquí, a los que nada les va bien.  Porque si algo caracteriza al mallorquín es ese estado de emprenyo permanente, que es por lo que casi todos son del Barça o del Madrid, porque dan menos disgustos. Aunque el habitante de Sa Roqueta esté siempre de pomes agres, no significa que sea beligerante, ni molt manco. El mallorquín prefiere ver la vida pasar; si las cosas van bien se quedará a verlas venir y si van mal mirará a otro lado, lo que convierte a Víctor en el más mallorquín de los mallorquines. “Deixau-me fer”, habrá dicho su cabeza cada vez que Son Moix le ha reprochado algo, pero nunca un mal gesto ni una mala cara, como si los pitos no fueran con él, lo que la parroquia bermellona siempre ha malinterpretado como un signo más de indolencia y pasotismo. La salida del mallorquín más goleador de la historia del Mallorca da paso a la indiferencia que deja el que siempre va por libre, que no es más que una extensión de la actitud del mallorquín ante la vida, que parece que todo le da igual porque no es capaz de demostrar cuando algo le importa.

A partir de hoy, Víctor, el más mallorquín de los futbolistas mallorquines, se sentirá más cerca de la isla y de su Mallorqueta, que es lo que pasa cuando un mallorquín abandona Sa Roqueta. El exiliado siempre vuelve y Víctor sabe que regresará, solo que ahora es el momento de ir por libre, o al menos de que no le toquen los cojones.

Publicado originalmente en vuelve ogunjimi

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