La campana de cristal: Aire viciado

Sylvia PlathLa campana de cristal es la única novela que escribió Sylvia Plath, más conocida por su plástica y visceral labor poética. Como no podía ser de otra manera, la herencia lírica de Plath se estrecha sobre su prosa creando unas imágenes clarividentes a la hora de describir los pensamientos de la protagonista, Esther Greenwood. Los paralelismos entre la escabrosa vida de la escritora y los acontecimientos narrados por Esther en el libro no permiten lugar para la duda; la autora emplea la novela para explicar el proceso de depresión que sufrió durante su juventud y que la llevó a viajar hasta los límites de la cordura de una manera casi fatal. 

Mi heroína sería yo misma aunque disfrazada. Se llamaría Elaine. Elaine. Conté las letras con los dedos. Esther también tenía seis letras. Parecía un buen presagio.

La campana de cristalEn 1963, dos años después de acabar la novela y a pocos meses de que ésta se publicara con seudónimo, Sylvia Plath escondió la cabeza en el horno y se quitó la vida. No es que quiera explotar los momentos más morbosos de la biografía de esta brillante escritora -que son muchos-, solo que a veces se hace necesario conocer un poco quién está detrás del relato que a uno le ocupa. En este caso, la historia de una jovencita aspirante a poetisa con una particular visión de un mundo que no comprende. No entiende sus estúpidas normas sociales ni por qué sus instintos y sus pensamientos no van acorde a los que se supone deberían ir. De manera sutil y con aparente inocencia, la novela pasa del testimonio de una candorosa aunque ligeramente taciturna becaria en Nueva York, al esquizofrénico descenso a los opresivos parajes de la depresión en medio del verano bostoniano. A medida que el lector se adentra en la enmarañada psique de Esther, la narración se va volviendo más y más errática, como dando saltos, pero sin perder en ningún momento el siniestro sentido del humor ni la capacidad de evocar potentes metáforas visuales. Una ingenua fascinación por lo truculento, un pragmatismo brutal que sale a hostiazo por página y el aire viciado de la campana de cristal que encierra a la propia novela, hacen de este rompecabezas un cuento tan perturbador como entrañable. No es solo un billete para apreciar de primera mano cómo una mente brillante se quiebra en mil pedazos, sino que también se trata de una obra valiente y adelantada a su tiempo, que hace gala de un feminismo inconsciente que entronca con el verdadero tema de la novela: la libertad.

Pieza por pieza, alimenté con mi vestuario al viento de la noche, y revoloteando, como las cenizas de un ser querido, los grises harapos fueron llevados, para posarse aquí, allá, exactamente donde yo nunca lo sabría, en el oscuro corazón de Nueva York.

La campana de cristal es una lectura maravillosa, honesta y frágil, que, como le dijeron una vez a Lena Dunham, consigue que uno se sienta menos solo.

Anuncios



    Responder

    Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

    Logo de WordPress.com

    Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

    Imagen de Twitter

    Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

    Foto de Facebook

    Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

    Google+ photo

    Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

    Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: